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REFLEXIONES SOBRE EL TAO DE LA SALUD

  • 2 nov 2018
  • 5 Min. de lectura

Primera parte. Fundamentación.

Tao significa Camino. Salud significa Equilibrio.

Este es el gran objetivo que nos trae aquí. Aproximarnos a descubrir un poco más ese camino del equilibrio y ayudarnos a recuperarlo. Dicen en Oriente que si te pierdes en un desierto sin agua y sin equilibrio, busca primero el equilibrio. Lo demás vendrá por añadidura. Para encontrar equilibrio antes tengo que saber qué me causa desequilibrio. Empecemos pues por una necesidad básica y esencial en la vida humana. Presente siempre, desde nuestra más temprana edad, fomentada, propiciada e inculcada por el medio en el que nace el ser humano: la Sociedad.

El fin último de la existencia humana es experimentar, sentir y cubrir la necesidad de conexión. Valga decir, percibir plenamente todo lo que nos une y vivirnos en esa unión con sentido. Esta necesidad está también presente en los animales y todos los seres vivos, pero para ellos no supone ningún problema, nacen con sus instintos perfectamente diseñados para vivir en plena conexión con toda la vida en la Naturaleza. Sin embargo, para el ser humano que posee conciencia, intelecto y libre albedrío, que además es educado y socializado en la separación de todo y consecuentemente en sus limitaciones, estas conexiones y desconexiones son el terreno básico de continuos desequilibrios.

Para vivir necesitamos sentir las conexiones, porque sin ellas no hay estímulos, impulsos vitales, reacciones, proyectos… Esto nos plantea continuos retos y elecciones, que si blanco o negro, que si voy o me quedo, que si esto o lo otro…. Ojo, aquí entendemos por necesidad de conexión algo más esencial que lo que nos brindan, por ejemplo, los móviles y las nuevas tecnologías, o en otro orden de cosas, a nivel físico, todo ese lenguaje gestual de miraditas, posturas, tocamientos, etc. No se trata de esos simulacros de conexiones, se trata de la búsqueda vital de la conexión consciente de la que brota la chispa de la verdadera comunicación y, por tanto, la verdadera conexión. Y no es conexión por conexión, sino que tiene un objetivo y fundamento: sentir amor, afecto, unión, aceptación, sentirse parte de…

Lo cierto es que cuando una, sin condicionantes, guiada casi por mi parte animal, me dejo sentir en ese estar presente conectada -porque la conexión siempre es del presente-, ese estado de conexión me informa de todo, de dónde estoy, cómo estoy, y me aporta sentido de dirección y propósito en la vida. Sin embargo, el libre albedrío nos juega malas pasadas. A menudo no solemos elegir precisamente lo que mejor nos va desde el punto de vista de nuestra naturaleza y no todo tipo de conexión me viene bien.

Sucede además, por ejemplo, que hay conexiones a las que nos apegamos casi de por vida, creándonos verdadera adicción e incluso enfermedad. Por el contrario, hay conexiones que sería bueno asumir por nuestro crecimiento y aprendizaje y que consciente o inconscientemente rechazamos, por la razón que sea (miedos, baja autoestima, etc.), y otras que nos las tomamos como por cuentagotas, porque no queremos enterarnos del todo que están. En este sentido, rechazar no sirve de nada. Lo que es está. La resistencia pues lo único que genera es persistencia.

En un mundo donde todo está integrado y cada parte tiene que ver con todo, las conexiones son obvias. La toma de consciencia de esta realidad, por activa o por pasiva, transforma nuestras acciones. Por ejemplo, algo aparentemente trivial, supongamos que alguien cuchichea mientras hablo en una charla, la conexión unitaria de fondo en la sala cambia y se alteran todas las relaciones. Si la conexión (valga decir, la comunicación) es consciente, integradora y transparente con todo, los contactos se perciben reales y fluidos en nuestra vida (sean alegres o dolorosos). Es fundamental pues consolidar una actitud de observación y reconocimiento de las falsas relaciones (conexiones), en cualquier plano de la vida, y apartarnos de ellas, dejarlas pasar.

Contactos básicos vitales son:

  • Con mi cuerpo y ser íntegro (partes y totalidad)

  • La tierra, la naturaleza… (el suelo/espacio, tiempo, estaciones…)

  • Con las personas y realidades de mi mundo (observarlas, sentirlas, conocerlas, comprenderlas…)

Digamos que esto es lo más básico, enterarme cómo es mi naturaleza, dónde estoy y de qué formo parte en primera instancia. Lo que es estar, ya somos y estamos, como los animales. Ahora, como ser de la especie humana con conciencia y libre albedrío, si deseo enterarme de lo que estoy viviendo en cada momento necesito un cambio de actitud que me ayude a ser cada vez más consciente y manejar más adecuadamente mis conexiones.

Un método infalible para un estado consciente de conexión con todo es el método de observación y una técnica plenamente afín a este método: la Meditación. Aquí tengo que decir que no como la entienden y practican mucha gente en occidente que a menudo meditan para visualizar no sé qué estados evasivos de la realidad. En oriente al contrario, se aprende a meditar para no ver, para no dejarse llevar por falsas ilusiones, y permitirse estar presentes en ese centro de silencio y vacío interior, morada de la paz y donde ser parte del Todo se evidencia por sí solo. Aprender a meditar de esta manera lleva su tiempo. Ha de ser progresiva, integradora y alusiva. La meditación es un espléndido método de observación y viceversa: la observación atenta y sin condiciones es un espléndido método de meditación. Lo más saludable es que la práctica de la meditación con el tiempo nos vaya generando esa actitud observante y conectada al presente que esté de fondo en cada instante de nuestra vida.

Esta es la búsqueda esencial humana: sentir la conexión. La desgloso así aquí para entendernos porque la realidad es que el ser humano está dentro de la Naturaleza, es Naturaleza, no está separado de nada. Esa es la gran conexión, donde a menudo nos falta todavía permitirnos descubrir integralmente cuál es nuestra función. No es otra que dejarnos ser y manifestar la Energía originaria que traemos al nacer como nuestra aportación a Gaia. Vamos ahora a aproximarnos, con permiso de Gaia, a conocer y comprender cómo funciona la Naturaleza, lo cual quiere decir también aproximarnos a conocer y comprender cómo funciona esa Naturaleza en nuestro ser. Quizás esto pueda –esa es mi intención- ayudarnos a comprender por qué enfermamos (desconexiones) y cómo podemos encontrar el camino del equilibrio. Este es un camino siempre cambiante que de hecho nos lleva toda la vida.

Si tenemos vida ¿cuál es el principio vital que nos da vida? ¿Cuál es ese principio que pone en funcionamiento todo? Conocemos ese principio con el nombre de Energía, principio que es además una fuerza vital polarizada. Todo el Universo es energía polarizada. Está integrada por un aspecto Positivo y otro Negativo, cuya unión genera en la Naturaleza otras energías intermedias que vienen a ser lo que conocemos como los Elementos, que según las filosofías orientales son cinco. Próximamente iremos poco a poco observando el funcionamiento y características de estos 5 Elementos en toda la vida. Estudiaremos todo lo que representa energéticamente cada uno y su función en relación con los otros y con todo el conjunto.

Esto es así en todos los niveles. “Como es dentro es fuera, como es arriba es abajo y como es en lo grande es en lo pequeño”… Todo está conectado con todo. Todo es en función de todo. TODO ES UNO.


 
 
 

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