top of page

         

                                         Si  no te  gusta  arriesgar

               no  te aventures  con el  poder  de la  ACCIÓN

Ensayando la coherencia.

  • 2 mar 2018
  • 9 Min. de lectura

Se ha hecho de rogar esta cuarta entrega… Una aprende que todo tiene su momento y conviene ser paciente si lo que se desea es que la comunicación sea auténtica. La vida entera está regida por leyes físicas. Leyes que propician el acopio de energía y su acomodo equilibrado con el conjunto para su manifestación en el momento oportuno, lo que a su vez prepara la gestación de sucesivos nuevos ciclos. Una de estas leyes, por tanto, es la de la Gestación. Existen otras que también se entrelazan, por decirlo de alguna manera, como la Ley de Causa y Efecto, la de la Atracción o Resonancia, etc.

Cuando terminé mi artículo anterior sobre este tema dejé en el escritorio del ordenador todo un listado de conceptos a partir del cual enfocarme cuando llegara el momento adecuado de encarar esta entrega. De hecho, mi coletilla final de aquella 3ª parte era: “En el próximo artículo de esta serie entraremos más en detalle en lo relacionado con esos valores y objetivos de vida que potencia el aprendizaje teatral”. Pues sí, por ahí pensaba enfocarlo entonces… ensalzando las virtudes de lo que se puede conseguir con el trabajo teatral como quien expone en un mercadillo los distintos productos de su cosecha.

Ha sido necesario todo este tiempo de silenciosa y observante gestación en barbecho de esa semilla de lo que realmente desearía compartir en esta cuarta entrega, sin ser muy consciente de cuál sería el fruto, el alcance, ni de la forma adecuada de presentarlo. Consciente, eso sí, de que esto es solo un fractal, aunque como tal contiene la esencia del todo.

Para variar y como no podía ser menos, el fruto de esta última gestación nuevamente tiene que ver más con el aspecto de enfocar las cosas desde el marco espiritual. Aunque me repita, esto para mí significa contemplar el tema desde una visión integral y unitaria de la vida, más que encararla a través de un listado de valores y objetivos a cultivar, que también pueden servir evidentemente pero que más bien son “la consecuencia de”… Aclarar también por tanto que ese marco espiritual del que hablo reiteradamente es más bien sinónimo de conciencia. Lo cual quiere decir que cuando hablo de espiritualidad no estoy hablando para nada de religiosidad.

“Como es arriba, es abajo. Como es dentro, es fuera. Como es en lo grande, es en lo pequeño”… y así sucesivamente. ¡Volvemos a la Física Cuántica! Pues sí, lo de la conciencia espiritual es física pura, nos lo enseña la Física Cuántica. Lo cierto es que la realidad se manifiesta siempre con idénticos patrones unitarios que nada tienen que ver con la linealidad disgregadora y separatista de nuestro mundo científico tridimensional, donde cada cual se esfuerza en defender la importancia de su parcela en aislado. Todo tiene que ver con todo y cuanto menos lo queremos ver, más toda la vida te lo grita por los cuatro costados.

Entiendo que la sabiduría y el progreso de la ciencia no están en quedarse en lo supuestamente conocido, sino precisamente en aventurarse con lo desconocido que nos pueda estar retando... Por suerte hay un MÉTODO. ¡Bendito método! que nos ayuda al menos a irnos enfocando adecuadamente en la observación de eso que nos reta en cada momento. Ese método se basa sobre todo en la observación buscando la coherencia. Y esa búsqueda de transparencia coherente nos clava en una verdad radical: la intrínseca e insoslayable relación unitaria entre todas las partes, “como es arriba es abajo…”, etc.

En el caldo de cultivo la vida, nada se puede observar en aislado. Si quiero ser una buena observadora el método es este: observar descubriendo la coherencia de fondo en las relaciones entre todas las partes en juego en cada momento. Conscientes además de que esas partes son las que son y son las que están. Y no son aleatorias, aunque lo parezcan. La verdad es que a menudo nada es lo que parece. Toda la vida al nivel que sea es un “toma y daca”, acción y reacción. Esto nos lo enseña muy bien el teatro.

Por ejemplo, veamos un modo de proceder muy habitual en nuestras vidas: pienso algo (marcado, como es lógico, por una creencia con respecto a algo), siento una emoción (despertada por ese pensamiento) que tal vez no quiero reconocer y/o no acepto, digo algo (manifestación condicionada además por la situación externa), que no tiene nada que ver con lo anterior y, por último, acabo haciendo (materializando ahí afuera) ni se sabe qué… En nuestras relaciones cotidianas, incluso en solitario, estas cuatro manifestaciones del ser humano (pensar, sentir, decir y hacer) a menudo están en conflicto, tanto interno como externo, en el devenir de la vida. “Como es dentro es fuera”…

Nuestras creencias y actitudes socialmente asumidas, dan por sentadas una infinidad de conductas e interpretaciones de las cosas que nos condicionan a la hora de actuar con honestidad y coherencia, ya sea consigo misma/o, o con las demás personas y circunstancias, con lo cual seguimos reproduciendo y reforzando nuestras manifestaciones incoherentes en lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Ese nivel de incoherencia, por ejemplo, incapacita para avanzar y profundizar en relaciones auténticas y gratificantes. Nuevamente aquí el aprendizaje y el entrenamiento teatral actúan como un potente desvelador de la falsedad en las relaciones, del tipo que sea.

Todo es una proyección de nuestra mente, dice la Física Cuántica. Cuánta incoherencia entonces al pretender negar, bloquear, resistir, rechazar, o hasta matar… algo/alguien ahí fuera, creyendo que así eso deja entonces de existir también dentro nuestro. La negación, de la manera que quiera que sea, no cambia las cosas. ¡Ojo! se incluyen aquí las cosas bellas y amorosas a las que incluso también nos resistimos, o sea todo, por activa o por pasiva. Nada de lo que ES en cualquier plano energético va a dejar de existir porque yo así lo quiera. Es más, no solo no dejará de existir, sino que se “engordará” dentro nuestro por efecto de ese bloqueo y resistencia…

Nada se puede liquidar ahí afuera sin que de alguna forma me “liquide” a mí también y derive en otra realidad que se prolongue en el tiempo, hasta que acabe asumiendo con coherencia todo lo que tenga que ver conmigo. Sucede que la coherencia es una ley de la conciencia. Podríamos decir que más que lo que suceda ahí afuera, lo que más nos hace sufrir y hasta nos enferma, es nuestra propia incoherencia. Actuar con coherencia no quiere decir que tenga que aguantar situaciones negativas y dañinas. Es más, la coherencia primero que nada es conmigo, con quién soy y lo que siento. Y ésta, por ejemplo, me podría estar marcando el camino del distanciamiento de algo/alguien en este momento de mi vida, lo cual no significa liquidación de nada/nadie, sino aceptación y aprendizaje. El distanciamiento no tiene porque significar liquidación. Puede llegar a ser todo lo contrario, un acto que puede entrañar humildad, valentía y respeto, al dejar que los procesos personales sigan libremente su propio curso y al propio ritmo de cada cual. En esto nuevamente el Teatro es una herramienta espléndida para anclarse en la auto coherencia.

En el Universo la separación y el aislamiento no existen. Energéticamente todo tiene que ver con todo, por activa o por pasiva. La coherencia básica de partida es ésta. Por ejemplo, usando la conocida metáfora, por mucho que una quiera encerrarse en el fondo de un “armario” para esconderse de algo u ocultar algo y aunque nadie supiera nada de eso que pretendo esconder, de cualquier forma yo acabaría enfermando de incoherencia conmigo misma. Yo puedo hacer como si se cerraran todos mis sentidos a la percepción de mí misma y de la realidad, pero no deja de ser falso, si mi conciencia sigue activa. Y eso me llevaría como poco a un estado de depresión.

Si no me siento feliz y a gusto con mi realidad, o con una parte de ella, lo más lógico es vamos a ver cómo puedo propiciarme un cambio. Aquí el Teatro me ofrece herramientas muy eficaces de auto conocimiento y auto ayuda para descubrir nuevas facetas y potenciales de mi ser dormidos dentro de mí. Digamos que, en este sentido, hay tres pasos para iniciar un cambio liberador y gratificante, desde el aprendizaje teatral.

Primero. Si el vestido de esta etapa de mi vida ya está viejo y se me ha quedado pequeño ¿Por qué no cambiar de “vestimenta”?... Si observamos nuestra vida es fácil reconocer que está marcada por continuos cambios. No soy la misma de cuando tenía 5 años, o 10, ni 15, 20, 30 y así sucesivamente. Ver dificultad en los cambios es una falsa visión de lo que somos capaces y esa es la primera incoherencia. Nadie tiene una identidad inquebrantable forjada de una vez por todas. Eso se ve a través de las distintas “identidades” que hemos ido jugando a lo largo de nuestra vida. Así pues, si en el momento presente todo por dentro me está pidiendo a gritos un cambio, lo primero pues es reconocer esa necesidad, asumirla y desear cambiarla, para luego poner la intención, la voluntad y la atención en pasar a la acción: o sea, “ensayar” patrones de cambio. A menos que en mi libre albedrío opte por continuar sufriendo…

De continuo pasan personas por mis talleres de teatro que mientras les transmites formación muestran gran interés y asombro por las herramientas que el aprendizaje teatral aporta para la vida. Sin embargo, cuando se trata de pasar a la acción y jugar a encarar el propio personaje (máscara) que nos hemos creado y consolidado a lo largo de la vida se destapa el muro de los “no puedo”, la trinchera del miedo, el apego a la máscara de la identidad que cada cual se ha forjado… Aquí comienza la huida en desbandada. Aquí se desvela que muchas veces la elección para la propia vida es seguir quejándose, antes que liberarse de lastres y asumir la responsabilidad de convertirse en la mejor versión de sí mismo/a en esta etapa de la vida. Todo lo que en la infancia era juego y susceptible de reconvertir en lo que yo quisiera, en la edad adulta reviste un carácter de auto importancia, tabú intocable, etc. que nos paraliza. Y lo cierto es que solo tenemos que echar una mirada al pasado para descubrir que esa capacidad de jugar con todo sigue dentro de cada cual, como sigue viva la energía de nuestra infancia (niña/o interior), solo hay que darse permiso y el cambio está servido, descubriendo asimismo que es mucho más fluido y sencillo de lo que imaginábamos, nos sale natural. Este es el primer cambio revolucionario, el personal, los demás vienen por añadidura. Paradójicamente, aunque hablemos de teatro, éste nada tiene que ver con ese mal llamado teatro lleno de pose, divismo y engolamiento. Ese que no te mueve ni un pelo, antes bien, produce náuseas y aburrimiento.

Segundo. Pasemos a la acción. Desde el mismo momento que, jugando al teatro, alguien toma la decisión de encarnar un personaje supuestamente distinto de sí, desde ese mismo instante su horizonte se amplía y comienza a tender un ancho puente con la realidad. Ya no es solo la gran satisfacción de sentirse capaz (que ese es el secreto estimulante de pasar a la acción) de interpretar un personaje, sino la gran apertura interior que produce el aproximarse a la comprensión y aceptación de la vida de alguien (un personaje) aparentemente ajeno a ti y donde acabas descubriendo que no es tan ajeno. Todavía más, darse permiso de ‘meterse en su piel’, o viceversa, prestarle nuestro ser para darle vida, conlleva de fondo, consciente o inconscientemente, una intención y actitud de apertura que va más allá de la persona, tanto que aunque, de entrada, no sea la primera motivación, a la larga se convierte en una decidida herramienta de paz personal y social.

Tercero. Vivir dentro de la propia caja personal, zona de confort, armario, o como le queramos llamar, manteniendo una vida compartimentada, es decir, con un tiempo/ espacio para cada cosa, donde tengo las horas diarias contadas para todo: trabajo, hacer ejercicio, atender la casa y los cuidados, la hora de ir a la iglesia si soy creyente, las de ver a las amistades, hasta las de meditación si necesito un momento de estar en conexión personal, hasta puedo militar en algún tema de voluntariado, etc., diríase que todo esto está bien y que tienes una buena agenda semanal. Y eso que estoy poniendo digamos uno de los “mejores” ejemplos posibles, sin embargo, como que aun así no estás a gusto de seguir interpretando el mismo personaje de siempre en todo momento. Hay agendas personales que llegan a tal punto de rígida organización compartimentada que por ejemplo hay hasta unos días determinados para determinados menús, horarios fijados de lo que se tiene que hacer a lo largo del día, revisiones médicas prefijadas, etc. Por descontado no hay cabida para imprevistos. Y mucho menos para escucharse y dejarse sentir los posibles cambios que pujan por salir al exterior.

Por mucho que hayas nacido y vivido aquí, que “pertenezcas” a este sitio, familia, trabajo, grupos, etc. y que lo tengas todo tan bien organizado, todo eso acaba convirtiéndose en una loza donde sientes que no hay salida. Y sí la hay, claro que la hay. La buscamos siempre primero que nada afuera, pero está dentro y se llama una vez más COHERENCIA. La gran baza de funcionamiento de nuestro sistema social es habernos socializados en depender más del afuera que de la autonomía interior. Enseñarnos desde que nacemos a vivir sin tregua más volcados en esa dependencia externa, en el hacer y el tener, que en el dejarse SER y afirmar la propia autonomía y libertad. Y bueno, les puedo decir que el buen juego teatral consciente garantiza esos objetivos de afirmación del propio SER, autónomo y libre…

Y si no queda satisfecho/a, le devolvemos su dinero. Salud y hasta la próxima.


 
 
 

Comentarios


  • Facebook Social Icon
  • Facebook Social Icon
bottom of page